Arrivederci Roma

T’invidio turista che arrivi,
t’imbevi de fori e de scavi,
poi tutto d’un colpo te trovi
fontana de trevi ch’e tutta pe’ te!
ce sta ‘na leggenda romana
legata a ’sta vecchia fontana
per cui se ce butti un soldino
costringi er destino a fatte tornà.

Con Aida del brazo una se olvida de los amargues propios del ambiente aeroportuario asique visto y no visto, tras un sueño profundo, sobrevolamos la Península Itálica y aterrizamos en Roma. Comenzaba el viaje más desorganizado de la historia pero lejos de estresarnos, las dos muy en modo carpe diem, ya-improvisaremos-algo nos dejamos recibir y guiar por nuestros Cicerones: Elena y Alex.

Tras instalarnos (yo de estraperlo en la resi de Alex y Aida en el piso de Elena) nos cojimos el metro en la ya mítica Anagnina y salimos de boca al Coliseo, que nos dejó clavadas en el sitio, impresionante. De allí nos dimos un paseazo por el Foro romano de sesión de fotos junto con un cuarteto vocal de sudamericanos que se hacian un video promocional, climax del kitch.

Nos cenamos unas pizzas a granel en la maravillosamente romántica plaza del Pantheon (llegué a proponerle a Aida el hacernos novias, no diré más) y acabamos en la Piazza del Popolo viendo un concierto de Ben Harper. Hacía super bueno, había ambientorro, pero estaba rota no, lo siguiente, asique empecé a confabular una retirada. Alex empezó a angustiarme con que si nos pillaban en su resi nos lapidarían asique acabamos yéndonos a casa de su amante, que me ofreció cama muy amablemente. Estaba tan cansada que podrían habérselo montado encima de mi y yo no haberme enterado.

La mañana siguiente decidí irme a un albergue baratujo con Aida, y Alex nos acompañó y ayudó a encontrar sitio en el ya mítico “Yelow”. Nos abrió la puerta un rubio gigante que exclamó con ilusión “canadians!” y que desoyendo nuestras explicaciones de que no éramos los canadienses que habian reservado si no unas homeless españolas nos guió hasta la persona en cargo que bautizaríamos instantáneamente como Bofetón por su sonrisa narcótica y su inglés medio italiano medio hindú. Aunque yo no tengo mucho derecho a criticar, porque mi inglés, altamente contaminado por un inexplicable acento francés no se dignaba a flulir…

Dejamos los trastos algo confundidas por la insistencia de Bofetón de que nos hiciésemos con unos tapones para los oidos si queriamos dormir (albergue en mitad de 3 garitos chundachunderos) y tiramos en dirección al Pantheon, que vimos por dentro, luego un helaito y a flipar con las fontanas de la Piazza Navona y su iglesia y luego tiramos a la impresionante fontana de Trevi. Estaba hasta la bandera, pero un golpe de suerte en forma de mini tormenta hizo huir a los turistas como ratas de barco y pude hacerme la picture of my life. Segumios caminando, cruzamos el rio y nos perdimos por el Trastévere, un barrio encantador donde nos reunimos con Elena y nos hicimos un aperitivo a la italiana, es decir, pagas una bebida y acedes a un bufet libre de cosas ricas para picar. Ya a solas con Aida, tiramos pal albergue y antes de dormir, el rubio gigante, alias Guru, nos deleitó con un poema haiku rebosante de filosofía (el subconsciente siempre encuentra el camino más corto) antes de dormir.

El tercer día quedamos con Alex en el centro y vimos el barrio paleocristiano, el barrio judio, el templo de las vestales y la Bocca della veritá. De nuevo hacia el Trastévere, recogimos a Elena y fuimos a comer. Después subimos al Castel de Sant’ Angelo y nos paseamos por el Vaticano. Me volví con Aida a descansar un poco al albergue y a maquearnos para salir. Fuimos a cenar y luego a por unos mojitos y nos colamos en un reservado hablando de las pelis de marisol. Lástima que estuvieramos tan reventados, me hubiese encantado seguir por ahi con estos locos.

El sábado, mi ultimo día, nos hicimos sin pestañear el Foro entero (me puse morena de lo bueno que hacía), el Coliseo por dentro (gracias a la amiga de Alex, que nos hizo de guía), los museos del Vaticano (esa capilla sixtina que quita el hipo) y San Pedro. Al acabar, Aida y yo considerabamos que nos mereciamos que un par de guardias suizos vírgenes nos hicieran un foot massage. Apesar de la maratón nos quedaron fuerzas pa hacernos unas compritas de chuminadas y souvenirs y encontrarnos con Elena y Luismi (por fín!) y luego con Alex y su colega la del coliseo, y nos fuimos todos a cenar. Yo estaba pedo de sueño, y con todo el dolor de mi corazón me subí a dormir un rato dejando a todos estos de fiestuki por ahi.

Esa mañana vinieron a buscarme y de empalmada me volvieron a dejar en Anagina donde una vez a solas en el bus rumbo al aeropuerto, solté un par de lagrimitas escuchando a todo trapo Nessum dorma de Puccini en el Ipod. Gracias por todo mis pequeños (miserables), ha sido la bomba.

Para recordar siempre: El intercambio de peperinos de la suerte con Aida. Descubrir a Elena. La pasta que se ha dejado Alex en contratarnos buen tiempo, conciertos y aceso gratuíto a los monumentos. La ciudad Eterna que me ha dejado en una nube. 

Para olvidar: La vagabunda meando de pié, limpiandose con un periódico e insultándonos profusísimamente. Guru proponiéndole a Aida un puñado de sal como pasta de dientes. No acordarme de tirar la moneda a la Fontana de Trevi. Los precios de la Boutique de Valentino.

2 comentarios

  1. la verdad es que dan ganas de ir a roma, pero siempre he dicho que roma se puede visitar cuando uno sea un pureta (mas aun), luna de miel, bodas de plata, … creo que 20 años mas no van a envejecer a Roma

    como se lleva lo de ir al foro siendo del foro, ahh no que tu eres extremeña

    besos

  2. jjaaja, me troncho con tu redacción! Ufff, ya no me acordaba de la vagabunda aquélla… maaadre mía!! Y que sepas qeu el peperino me lo pongo un montón, al igual que mis gafas de Tom Ford de palo, que pude comprobar con Elena que dan muy bien el pego y que encima me he ahorrado 245€ o así :)
    Tenemos que volver a irnos por ahí!!


RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

Deja un comentario